Carta abierta para les docentes

Por Sujetos Activos

Incluso en medio del conflicto, hay algo que no se suspende: el encuentro, la transmisión, la memoria como práctica activa. No es menor. 

Queremos marcar nuestra preocupación por lo que viene ocurriendo en el área comunitaria: la desaparición de instancias de producción colectiva no es un dato menor, sino una definición que impacta directamente en nuestra formación, en los modos de construir saber y en el lazo con los territorios.

Insistimos en la urgencia del cumplimiento efectivo de la Ley de Financiamiento Universitario, no sólo en lo que respecta a la recomposición del salario docente, también el no docente y el sostenimiento integral de la Universidad Pública en su conjunto: investigación, extensión y todas aquellas prácticas que la hacen existir más allá del aula.

Dejamos esta carta como una forma de señalarlo, de acompañar y de sostener, también desde este lugar, aquello que insiste incluso en condiciones de crueldad en la actualidad.

En estas semanas en las que el conflicto universitario vuelve a poner en evidencia la precarización estructural de la docencia, queremos detenernos en un gesto que no pasa desapercibido. La decisión de enseñar, de abrir espacios de encuentro, de producir pensamiento colectivo, incluso cuando las condiciones materiales se deterioran y el reconocimiento institucional se vuelve insuficiente o directamente ausente.

En un contexto atravesado por la caída del salario docente y el incumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario, ustedes eligieron no retroceder en aquello que hace a la esencia misma de la universidad: la transmisión, la pregunta, la construcción de saberes en común. En el marco de los 50 años desde la última dictadura militar, poniendo en acto la Memoria, la Verdad y la Justicia, no como consignas vacías sino como prácticas vivas que se inscriben en el aula y siempre con otros.

Sabemos que enseñar en estas condiciones no es un acto neutral. Implica una toma de posición. Sostener un lazo, una apuesta, incluso cuando todo empuja hacia la fragmentación, el desgaste y el abandono. Por eso, lo que ocurrió en estas dos semanas no puede leerse únicamente como una serie de actividades académicas, sino que debe entenderse como una forma sumamente política de intervención.

Porque la memoria no es solamente un ejercicio retrospectivo. Es una herramienta para leer lo que acontece hoy, volviéndose fundamental en nuestras prácticas como profesionales. Y en ese cruce entre pasado y presente, entre historia y coyuntura, la universidad pública vuelve a mostrarse como un territorio en disputa, pero también como un espacio de resistencia.

Queremos, entonces, reconocer ese trabajo. No desde una idealización, sino desde la comprensión de lo que implica sostener la tarea docente en condiciones cada vez más hostiles. Hay allí un compromiso que excede lo laboral, que toca lo ético y lo político, y que deja huella en quienes transitamos estos espacios.

Frente a los intentos de vaciamiento, de deslegitimación y de ajuste, estas jornadas reafirman algo fundamental: que la universidad no se reduce a su financiamiento, aunque lo necesite urgentemente, sino que se encarna en quienes la habitan y la sostienen día a día.

Por eso, esta carta busca ser también una forma de acompañamiento. De decir que lo que hacen importa. Que produce efectos. Que no pasa desapercibido. Y que incluso en la adversidad, sigue habiendo posibilidades de construir colectivamente desde la ternura.

Gracias.

Incluso en medio del conflicto, hay algo que no se suspende: el encuentro, la transmisión, la memoria como práctica activa. No es menor. 📚

Queremos marcar nuestra preocupación por lo que viene ocurriendo en el área comunitaria: la desaparición de instancias de producción colectiva no es un dato menor, sino una definición que impacta directamente en nuestra formación, en los modos de construir saber y en el lazo con los territorios.

Insistimos en la urgencia del cumplimiento efectivo de la Ley de Financiamiento Universitario, no sólo en lo que respecta a la recomposición del salario docente, también el no docente y el sostenimiento integral de la Universidad Pública en su conjunto: investigación, extensión y todas aquellas prácticas que la hacen existir más allá del aula.

Dejamos esta carta como una forma de señalarlo, de acompañar y de sostener, también desde este lugar, aquello que insiste incluso en condiciones de crueldad en la actualidad.

En estas semanas en las que el conflicto universitario vuelve a poner en evidencia la precarización estructural de la docencia, queremos detenernos en un gesto que no pasa desapercibido. La decisión de enseñar, de abrir espacios de encuentro, de producir pensamiento colectivo, incluso cuando las condiciones
materiales se deterioran y el reconocimiento institucional se vuelve insuficiente o directamente ausente.

En un contexto atravesado por la caída del salario docente y el incumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario, ustedes eligieron no retroceder en aquello que hace a la esencia misma de la universidad: la transmisión, la pregunta, la construcción de saberes en común. En el marco de los 50 años desde la última dictadura militar, poniendo en acto la Memoria, la Verdad y la Justicia, no como consignas vacías sino como prácticas vivas que se inscriben en el aula y siempre con otros.

Sabemos que enseñar en estas condiciones no es un acto neutral. Implica una toma de posición. Sostener un lazo, una apuesta, incluso cuando todo empuja hacia la fragmentación, el desgaste y el abandono. Por eso, lo que ocurrió en estas dos semanas no puede leerse únicamente como una serie de actividades académicas, sino que debe entenderse como una forma sumamente política de intervención.

Porque la memoria no es solamente un ejercicio retrospectivo. Es una herramienta para leer lo que acontece hoy, volviéndose fundamental en nuestras prácticas como profesionales. Y en ese cruce entre pasado y presente, entre historia y coyuntura, la universidad pública vuelve a mostrarse como un territorio en disputa, pero también como un espacio de resistencia.

Queremos, entonces, reconocer ese trabajo. No desde una idealización, sino desde la comprensión de lo que implica sostener la tarea docente en condiciones cada vez más hostiles. Hay allí un compromiso que excede lo laboral, que toca lo ético y lo político, y que deja huella en quienes transitamos estos espacios.

Frente a los intentos de vaciamiento, de deslegitimación y de ajuste, estas jornadas reafirman algo fundamental: que la universidad no se reduce a su financiamiento, aunque lo necesite urgentemente, sino que se encarna en quienes la habitan y la sostienen día a día.

Por eso, esta carta busca ser también una forma de acompañamiento. De decir que lo que hacen importa. Que produce efectos. Que no pasa desapercibido. Y que incluso en la adversidad, sigue habiendo posibilidades de construir colectivamente desde la ternura.

Gracias.

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